Una vez hablé del nombre del alcaudón común, Αετομάχος (“aetomajos”), pero no llegué a explicar el significado y el por qué de dicho nombre. Significa algo así como “el que lucha con las águilas”, y se debe a que no tiene ningún problema en defender su territorio atacando incluso a rapaces de gran tamaño.

La oropéndola se llama Συκοφάγος (“sikofagos”), o sea, “comehigos”. Adivinad por qué…

El alimoche es el Ασπροπάρης (“asproparis”), que es una forma corta de decir “pequeño buitre blanco”.

Muchos nombres son prácticamente el científico. Así, el quebrantahuesos es Γυπαετός (“yipaetós”), que significa “buitre-águila” (pero en Creta es Κοκκαλάς – “kokalás” – algo así como “huesero”). El martinete es Νυχτοκόρακας (“nijtokórakas”), “cuervo nocturno”, y el treparriscos es Τοιχοδρόμος (“tijodromos”), “que corre en la pared”.

La lista, por supuesto, es larga, pero es mejor no alargar la lección. Otro día más…

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He empezado a echar una ojeada a la tesis doctoral de Eleni Leontaridi y me estoy encontrando – en la introducción, porque no sé si seré capaz de entender los aspectos más “lingüísticos”… – con cosas interesantes. Creo que interesará a los apasionados del griego moderno

Hace unos tres años un conocido del pueblo de al lado, Κορνοφωλιά (“Kornofoliá”), me enseñó una expresión bastante absurda pero con la que me reí bastante y que me gusta soltar de vez en cuando, cuando el frío aprieta. Ahora que tenemos – 8ºC fuera, por ejemplo, es uno de esos momentos idóneos para recitar:

“Κάνει κρύο, κάνει μπούζι*, αγκαλιάζω το καρπούζι”

O sea:

“Hace frío, hace frío, me abrazo a la sandía”

*Μπούζι viene de la palabra turca buz, que significa hielo, pero en el norte de Grecia lo usan para nombrar al frío, a la helada… También se usa como adjetivo.

Desde el balcón, la noche que empezó a nevar

Desde el balcón, la noche que empezó a nevar

Stajtula decidiendo si le gusta o no la nieve

A este Crocus debe de gustarle...

El lago de Tijeró se congeló ayer

Y hoy, desgraciadamente, hemos encontrado esta garceta grande muerta en la orilla

Higos de Calafellvalo en Flickr (licencia CC)

Puede que lo que voy a escribir ahora sea algo que hayáis pensado mil veces antes, pero para mí desde luego fue una nueva revelación lingüística de esas que me sorprenden, por ejemplo, cuando estoy a punto de dormirme o cuando me estoy lavando los dientes y deambulando por la casa. Una vez más, claro, me vinieron primero a la mente las palabras en griego. Fue hace unos pocos días. Pensé en σύκο (“siko”) y en συκώτι (“sikoti”) y pensé en cómo se parecen. Después pensé lo mismo en castellano y ¡chan, resulta que también se parecen! Higo e hígado. Y como vi que no iba a encontrar una respuesta a lo que no parecía ser una mera coincidencia, me dormí al cabo de unos instantes.

Al día siguiente encontré una explicación más que satisfactoria aquí. Digamos que tiene que ver con el foie gras de oca, que al parecer no es un invento de los franceses (lo siento, Baptiste…) sino que ya se disfrutaba en la antigua  Grecia. Pero dejo que leáis el resto en el correspondiente enlace.

Ilustración de Gray's Anatomy (1858) en wikipedia

Otra palabra griega. Melancolía, μελαγχολία. La verdad es que leyendo la definición, y sobre todo la etimología, en la versión digital del diccionario de la RAE, se me han quitado las ganas de dejarme arrastrar por ella. Bilis negra. Demasiado hepático y oscuro para mi gusto.

Después he seguido enlazando palabras. El mismo diccionario llama a la bilis negra “atrabilis”, del latín atra, negra, y bilis, cólera. Pues no, no sabía que la cólera se presenta también como bilis. Y la atrabilis era “uno de los cuatro humores principales del organismo, según las antiguas doctrinas de Hipócrates y Galeno”. Qué cosas, qué interesante.

Pero bueno, yo venía dispuesta a dejar caer una cita robada de un libro que estaba volviendo a hojear esta tarde, y un par de fotos robadas al campo ayer. El libro en cuestión se titula “Η Φυσική Κληρονομιά της Ελλάδας”, o “El patrimonio natural de Grecia”, de Γιώργος Κατσαδωράκης (“Yorgos Kachadorakis”), publicado por WWF Grecia en 2003, y en donde me he encontrado por primera vez con una planta endémica de las montañas griegas llamada Viola poetica. ¿No es un nombre inspirador?

La cita que el autor del libro reproduce es la siguiente:

Το καταλάβαινα κάθε μέρα και καλύτερα περπατώντας στην ελληνική γις, ο ελληνικός πολιτισμός δεν ήταν ένας μετέωρος, υπερφυσικός ανθός, ήταν ένα δέντρο που είχε ριζώσει βαθιά στη γης κι έτρωγε λάσπη και την έκανε ανθούς.
ΝΙΚΟΣ ΚΑΖΑΝΤΖΑΚΗΣ, Αναφορά στον Γκρέκο

Lo entendía  mejor cada día, caminando por la tierra griega: la civilización griega no era una flor sobrenatural y etérea, era un árbol, que había hundido sus raíces profundo en la tierra y comía barro y lo convertía en flores.

Nikos Kazantzakis, Carta al Greco

Los últimos frutos de la rosa silvestre

Los últimos frutos del escaramujo

Copia de P1070497

No puedo cansarme de estos montes y estos cielos

Copia de P1070508

Humedad

Copia de P1070510

Camino que sube

Por fin un otoño con setas en Dadiá. ¡Por fin! Por esta y por otras razones le decía a Νίκος-Εμμανουήλ el otro día que estoy viviendo el otoño dadiano más otoñal. En Dadiá la gente va al bosque y recoge principalmente

γαλατσίδες, o sea níscalos, o Lactarius deliciosus:

Foto de Manuel M Ramos en Flickr, con licencia Creative Commons (http://www.flickr.com/photos/_mm_/315082792/in/set-72157594148645311)

Γαλατσίδα. Foto de Manuel M Ramos en Flickr, con licencia CC (http://www.flickr.com/photos/_mm_/315082792/in/set-72157594148645311)

ζαρκαδίσια, o lo que es lo mismo parasoles, galimpiernos… o Macrolepiota procera:

AbAberson_Flickr

Ζαρκαδίσιο. Foto de AbAberson en Flickr, con licencia CC (http://www.flickr.com/photos/ababerson/1777012058/)

y, si hay suerte, αμανίτες του Καίσαρα, u oronjas, setas de los césares… o Amanita caesarea:

Anne SORBES_Flickr

Αμανίτης του Καίσαρα. Foto de Anne Sorbes en Flickr, con licencia CC (http://www.flickr.com/photos/cameland/2581894390/in/photostream/)

Hoy se organizaba la fiesta de las setas en Dadiá y he tenido la suerte de degustar por enésima vez este otoño todas estas delicias al son de una gaita tracia (vale, y al frío desgarrador del viento del norte). Estos pequeños placeres de un domingo de noviembre…

Nunca me había detenido a pensar en el verbo “orientarse” hasta que lo aprendí en griego.  Προσανατολίζομαι es la palabra griega, que viene a decir lo mismo que en castellano, es decir, algo así como “ir hacia el oriente, buscar el oriente” (ανατολή – “anatolí” – es el oriente). ¿Por qué el oriente? No lo sé (¡y agradecería una explicación del asunto!). Lo gracioso es leer cosas como “La mayoría de la gente se orienta buscando el norte mediante una brújula“. O sea, que buscamos el norte para ir hacia el este…