La historia del autillo la aprendí el año pasado, hacia abril, cuando ya había empezado a oírlo otra vez por todos lados (uno de los lugares indiscutiblemente unidos a su canto es el camping en Samozraki). El autillo en griego se llama Γκιώνης (“Guionis”), y cuenta la leyenda que antes de ser pájaro fue pastor. Tenía un hermano, también pastor, que según qué versión del mito se llamaba Andonis, o Yannis, o incluso Guionis. Este último perdió un día unas ovejas y su hermano lo mató por ello, pero las ovejas regresaron poco después al redil y el hermano asesino se sumió en la pena más profunda. Unas versiones dicen que fue la misma pena la que lo transformó en pájaro, otras dicen que Dios se compadeció de él y lo convirtió antes de que muriera a causa de la tristeza. Lo que sí es seguro es que, desde entonces, el autillo llama arrepentido cada noche a su hermano (“Guion(i), guion(i)”), insistentemente, sin descanso*.

Un primer plano de autillo (Foto de Christos Barboutis)

*En Epiro, llaman “guionis” a quien resulta demasiado pesado, repitiendo lo mismo una y otra vez…

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Hace ya casi tres años, por razones muy personales, después de alucinar con la lectura de unos artículos en el periódico Kathimerini (éste, éste y éste, todos del mismo día) y con la ayuda de mi amiga Sofía, quise encontrar en Evros alguna organización que estuviera ocupándose de apoyar / animar / acoger a todas las personas que llegaban a Grecia desde el otro lado del río. Lamentablemente nos dimos por vencidas al poco tiempo, cuando constatamos que no había ningún grupo organizado de voluntarios que se ocuparan del tema. Sólo pudimos contactar con los trabajadores de ACNUR que, un par de días al mes, subían a visitar los centros de acogida desde Atenas, y a los cuales no podíamos servir de mucha ayuda.

Ahora veo que, cuando las cosas se ponen cada vez más trágicas y los invisibles empiezan a ser, por fin, visibles (valga como muestra el reportaje de este domingo en El País), Médicos Sin Fronteras está allí. Y además transmiten lo que ven a través de su cuenta Twitter:

Los últimos mensajes de MSF Grecia

Toda mi gratitud para esos médicos griegos que se afanan en hacer un poco más cálida la llegada de los inmigrantes.

Esta es una loa al servicio de correos griego. Igual que considero preciso criticar las cosas cuando no funcionan, me parece asimismo necesario admitir y agradecer que las cosas funcionen, cuando lo hacen. Y los Correos griegos, amigos míos, no me han decepcionado nunca. Al contrario, me siguen sorprendiendo. Hace un mes recibí en miércoles una postalita que se había echado al correo en Suflí el lunes. ¡En Suflí, ese pueblo “όπου ο Χριστός έχασε τον αναπτήρα του”, como escribió una vez mi amiga Luisa! Cada vez que menciono a mis amigos griegos lo contenta que me dejan sus Correos, ponen caras rarísimas. Y yo me río.

A mí me gusta, aunque no tenga base, verle el lado simbólico al asunto. Por una parte, las palabras se mueven bien por Grecia y fuera de ella, el país se intracomunica y se intercomunica. Por otra, una forma de comunicación lenta y tradicional, diría casi ancestral, es eficiente y cumple con las expectativas. Además es pública y ni decepciona, ni frustra.

En el aeropuerto de Iraklio compré hace un par de años unos sellos dedicados a la fauna y la flora griegas. Todos los animales representados eran pájaros, que se desplazan tan bien como las cartas. El buitre negro, sin ir más lejos, puede recorrer distancias enormes para ir a comer a, por ejemplo, Bulgaria y volver a dormir a Dadiá por la noche. Más símbolos viajeros justo al lado del río trágico, aquel que cada día cruzan decenas de personas en busca de una vida mejor y en cuyo viaje sí que encuentran todas las trabas del mundo. Pero ésta, una vez más, es otra historia…

Los sellos que compré

Bajarse del tren que salió de Drama, ver a una amiga de los primeros tiempos en Grecia, comer con su familia, admirar sus paredes cubiertas de libros y discos, pasear pasando por alto el frío, cruzar el Πηνειός, descubrir el teatro del siglo III a.C., tomar un café en un jazz-bar, contemplar los bandos de grajillas, coger, de nuevo, un tren para Atenas.

Lárisa uno

Lárisa dos

Lárisa tres

Lárisa cuatro

Hoy es mi último día en Grecia, después de quince días visitando el país que no pisaba desde hacía cinco meses, y esta mañana ateniense, fría como una mañana evrítica cualquiera, me he quedado en casa, rebosando melancolía. Han sido días de huelgas de ferries y aviones forzosos, περαιώσεις sorpresa y consiguiente indignación, viento sur y mangas remangadas. La felicidad de ver a los amigos, y de charlar, pasear, bailar, comer con ellos. Cine en versión original, sopa de setas, rakís que celebraban un doctorado, alcaudones norteños, mermelada de krano. La conocida sensación “parece que estuve aquí la semana pasada”. Y siempre, el griego.

A esta playa se llega cogiendo un autobús urbano de Iraklio

El tiempo, hasta hace dos días, estaba para ir a la playa y adormilarse al sol. En Creta andaban todavía recogiendo tomates en las huertas. Y aqui, un pensamiento: mis años en Grecia me han enseñado a apreciar los productos de temporada. Cuando uno come a menudo en tabernas donde se sirve la producción propia, como la que nos presentaba Ana hace poco con tanto cariño, limitarse a comer lo que da la tierra aquí y ahora en realidad expande las posibilidades del placer, y la limitación ya no es tal. Voy a dejar pasar un tiempo antes de hablar de mi taberna griega favorita, para no resultar pesada, pero dejo la foto de la chimenea central, que saqué el otro día al empezar la noche, antes de que el poco espacio disponible se llenara de comensales saciados y felices bailando a lo loco baiduskas, sambas clarinas, let’s twist again y tantas otras.

Cuántas vueltas alrededor de esta chimenea...

Y, para terminar, una foto del final de una comida cretense, un montón de dulces y rakís ofrecidos porque sí, qué costumbre tan maravillosa.

Postre para todos los gustos

En septiembre, me encontré con Tracia en Granada. Más aún, me encontré con un trocito desconocido de Tracia en un pasillo de la Facultad de Filosofía y Letras de la ciudad. El contexto fue el IV Congreso Europeo de la Sociedad Europea de Estudios Neogriegos, al que una amiga y yo, gracias a la gentileza de los organizadores, y en especial del profesor Μόσχος Μορφακίδης, pudimos asistir sin ninguna traba. Probablemente Luisa y yo fuéramos las únicas extrañas en un lugar plagado de eruditos de los estudios neogriegos, y por eso a veces era irremediable  perdernos en la densidad de las ponencias, pero nos encantó estar allí, oir griego en Granada durante tres días, empaparnos de un montón de Grecias. Lo único que nos causó extrañeza (y no nos gustó) fue la tendencia general a leer las ponencias, y no a exponerlas (y a veces se realizaban lecturas muy muy rápidas). En congresos de ecología y temas afines (que es lo que yo conozco), una ponencia leída siempre causa desagrado y rechazo. Puede que se trate de diferencias entre unas ciencias y otras que yo, hasta ahora, no conocía.

Pero a lo que iba. He aquí una de las “piezas tracias” con las que me topé:

Reproducción del petroglifo de Russa, Evros

Se trata de un petroglifo situado en el área Pomak de Evros, poco conocido y fascinante. Está datado en el siglo IX a.C., y para que os hagáis una idea de su olvido, hasta hace muy poco su posición no estaba señalizada. Con todo, dada su exposición total a los elementos tengo la sensación de que la obra puede acabar deteriorándose sin remedio (no sé qué tipo de intervenciones son las adecuadas en la protección de este tipo de restos arqueológicos. ¿Quizás algún tipo de cubierta protectora? ¿?). Para que entendáis lo que quiero decir, muestro unas fotos del petroglifo auténtico.

El petroglifo original

Otra vista del mismo

Otra parte del conjunto artístico rupestre

Redes en el puerto de Kavala

Dejamos Kavala, bajo el sol más dulce...

Desde Τσιχλιώτα ("Chijliota"), en Lesvos, se ven pasar las pardelas mediterráneas y cenicientas. Un halcón peregrino levantaba a las gaviotas y los ratoneros moros de vez en cuando

Cardos de camino a Ερεσός ("Eresós"), dejando Chijliota

Las ovejas, recién esquiladas, también en el camino

Camino a Σίγρι ("Sigri")

En este kafenío de Sigri se preparaban para Eurovision, y tenían más de 250 tés diferentes

Y mi té me aconsejaba dejarme guiar por el corazón

Caracol en Πλάκα ("Plaka"), Limnos

Molino cerca de Plaka

Aunque no se vea, a este lado de la foto está el mar...

Una peluquería en Μούδρο ("Moudro")

Adiós, Limnos, adiós...