Nueva consulta al diccionario online de la RAE:

hibernación.

(Del lat. hibernatĭo, -ōnis).

1. f. Estado fisiológico que se presenta en ciertos mamíferos como adaptación a condiciones invernales extremas, con descenso de la temperatura corporal hasta cerca de 0° y disminución general de las funciones metabólicas.

2. f. En animales, tanto vertebrados como invertebrados, sueño invernal.

3. f. Estado semejante que se produce en las personas artificialmente por medio de drogas apropiadas con fines anestésicos o curativos.

Olvidemos la tercera acepción y prefiramos la primera. Mi temperatura estas últimas semanas no ha bajado a cero grados, que yo sepa, pero mis funciones metabólicas han disminuido significativamente, doy fe. Un estado de atontamiento general tirando al ermitañamiento. Una sensación que en el paisaje se traduciría así:

Lluvia, frío, nieve, esto es el invierno

Pero ayer ¡hubo Carnival Party en Dadiá! y estuvimos cuatro gatos e hicimos el mono, y bailamos bailamos bailamos… Mi pulso dejó el ritmo caracol para pasarse a la samba y parece que todo se confabuló para que el día que siguió fuera templado y sobre todo luminoso. El río Evros y sus afluentes también se desbordaron (yo digo que las lluvias no han tenido nada que ver, ha sido el carnaval, y el desperezamiento…) y hoy los campos se han presentado así:

La vía del tren, los campos, los árboles que escoltan al Evros y, al fondo, Turquía

El Διαβολόρεμα (corriente del diablo) junto al cruce de Dadiá

Detalle de los chopos

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He empezado a echar una ojeada a la tesis doctoral de Eleni Leontaridi y me estoy encontrando – en la introducción, porque no sé si seré capaz de entender los aspectos más “lingüísticos”… – con cosas interesantes. Creo que interesará a los apasionados del griego moderno

Higos de Calafellvalo en Flickr (licencia CC)

Puede que lo que voy a escribir ahora sea algo que hayáis pensado mil veces antes, pero para mí desde luego fue una nueva revelación lingüística de esas que me sorprenden, por ejemplo, cuando estoy a punto de dormirme o cuando me estoy lavando los dientes y deambulando por la casa. Una vez más, claro, me vinieron primero a la mente las palabras en griego. Fue hace unos pocos días. Pensé en σύκο (“siko”) y en συκώτι (“sikoti”) y pensé en cómo se parecen. Después pensé lo mismo en castellano y ¡chan, resulta que también se parecen! Higo e hígado. Y como vi que no iba a encontrar una respuesta a lo que no parecía ser una mera coincidencia, me dormí al cabo de unos instantes.

Al día siguiente encontré una explicación más que satisfactoria aquí. Digamos que tiene que ver con el foie gras de oca, que al parecer no es un invento de los franceses (lo siento, Baptiste…) sino que ya se disfrutaba en la antigua  Grecia. Pero dejo que leáis el resto en el correspondiente enlace.

Ilustración de Gray's Anatomy (1858) en wikipedia

Otra palabra griega. Melancolía, μελαγχολία. La verdad es que leyendo la definición, y sobre todo la etimología, en la versión digital del diccionario de la RAE, se me han quitado las ganas de dejarme arrastrar por ella. Bilis negra. Demasiado hepático y oscuro para mi gusto.

Después he seguido enlazando palabras. El mismo diccionario llama a la bilis negra “atrabilis”, del latín atra, negra, y bilis, cólera. Pues no, no sabía que la cólera se presenta también como bilis. Y la atrabilis era “uno de los cuatro humores principales del organismo, según las antiguas doctrinas de Hipócrates y Galeno”. Qué cosas, qué interesante.

Pero bueno, yo venía dispuesta a dejar caer una cita robada de un libro que estaba volviendo a hojear esta tarde, y un par de fotos robadas al campo ayer. El libro en cuestión se titula “Η Φυσική Κληρονομιά της Ελλάδας”, o “El patrimonio natural de Grecia”, de Γιώργος Κατσαδωράκης (“Yorgos Kachadorakis”), publicado por WWF Grecia en 2003, y en donde me he encontrado por primera vez con una planta endémica de las montañas griegas llamada Viola poetica. ¿No es un nombre inspirador?

La cita que el autor del libro reproduce es la siguiente:

Το καταλάβαινα κάθε μέρα και καλύτερα περπατώντας στην ελληνική γις, ο ελληνικός πολιτισμός δεν ήταν ένας μετέωρος, υπερφυσικός ανθός, ήταν ένα δέντρο που είχε ριζώσει βαθιά στη γης κι έτρωγε λάσπη και την έκανε ανθούς.
ΝΙΚΟΣ ΚΑΖΑΝΤΖΑΚΗΣ, Αναφορά στον Γκρέκο

Lo entendía  mejor cada día, caminando por la tierra griega: la civilización griega no era una flor sobrenatural y etérea, era un árbol, que había hundido sus raíces profundo en la tierra y comía barro y lo convertía en flores.

Nikos Kazantzakis, Carta al Greco

Los últimos frutos de la rosa silvestre

Los últimos frutos del escaramujo

Copia de P1070497

No puedo cansarme de estos montes y estos cielos

Copia de P1070508

Humedad

Copia de P1070510

Camino que sube

Nunca me había detenido a pensar en el verbo “orientarse” hasta que lo aprendí en griego.  Προσανατολίζομαι es la palabra griega, que viene a decir lo mismo que en castellano, es decir, algo así como “ir hacia el oriente, buscar el oriente” (ανατολή – “anatolí” – es el oriente). ¿Por qué el oriente? No lo sé (¡y agradecería una explicación del asunto!). Lo gracioso es leer cosas como “La mayoría de la gente se orienta buscando el norte mediante una brújula“. O sea, que buscamos el norte para ir hacia el este…

Siempre es estimulante encontrarte con palabras desconocidas a lo largo de una lectura. Estoy leyendo el último libro de Manuel Rivas, “A cuerpo abierto” (ed. Alfaguara, 2008), y hasta ahora he anotado tres nuevas palabras. Se me ocurrió porque la primera de ellas en la que me fijé, “apodíctico” (1), me despistó un poco. Yo sabía lo que quiere decir αποδεικτικός (“apodiktikós”) en griego moderno. En mi diccionario griego-español* se traduce como “probatorio, acreditativo, justificante”. La palabra απόδειξη (“apódixi”) es de uso cotidiano y significa “prueba” o “recibo” (el recibo de compra de las tiendas, por ejemplo). Efectivamente, el significado en castellano es algo distinto. En la página web de la Real Academia de la Lengua Española (www.rae.es), encuentro lo siguiente:

apodíctico, ca.

(Del lat. apodictĭcus, y este del gr. άποδεικτικός, demostrativo).

  1. adj. Fil. Incondicionalmente cierto, necesariamente válido.

La segunda palabra, “mefítico” (2), viene del latín:

mefítico, ca.

(Del lat. mephitĭcus).

  1. adj. Dicho de una cosa: Que, respirada, puede causar daño, y especialmente cuando es fétida. Aire, gas mefítico. Emanación mefítica.

Y la tercera, “sincrético” (3), tiene de nuevo origen griego. Volví a despistarme cuando la leí, porque pensé que tendría algo que ver con la palabra συγκριτικός (“sincritikós”), que significa “comparativo” o “comparado”. Pero no. Según la RAE:

sincrético, ca.

  1. adj. Perteneciente o relativo al sincretismo.

sincretismo.

(Del gr. συγκρητισμός, coalición de dos adversarios contra un tercero).

  1. m. Sistema filosófico que trata de conciliar doctrinas diferentes.
  2. m. Ling. Expresión en una sola forma de dos o más elementos lingüísticos diferentes.

*de Αλέξανδρος Μαγκρίδης (“Aléxandros Mangridis”) y Pedro Olalla, de la editorial Texto

(1) “Es un texto apodíctico, con pasta de decreto, (…).” (p. 25)

(2) “Es un olor mefítico, a rancio, a benceno.” (p.166)

(3) “El franquismo tuvo un carácter sincrético.” p.168