Bajarse del tren que salió de Drama, ver a una amiga de los primeros tiempos en Grecia, comer con su familia, admirar sus paredes cubiertas de libros y discos, pasear pasando por alto el frío, cruzar el Πηνειός, descubrir el teatro del siglo III a.C., tomar un café en un jazz-bar, contemplar los bandos de grajillas, coger, de nuevo, un tren para Atenas.

Lárisa uno

Lárisa dos

Lárisa tres

Lárisa cuatro

Hoy es mi último día en Grecia, después de quince días visitando el país que no pisaba desde hacía cinco meses, y esta mañana ateniense, fría como una mañana evrítica cualquiera, me he quedado en casa, rebosando melancolía. Han sido días de huelgas de ferries y aviones forzosos, περαιώσεις sorpresa y consiguiente indignación, viento sur y mangas remangadas. La felicidad de ver a los amigos, y de charlar, pasear, bailar, comer con ellos. Cine en versión original, sopa de setas, rakís que celebraban un doctorado, alcaudones norteños, mermelada de krano. La conocida sensación “parece que estuve aquí la semana pasada”. Y siempre, el griego.

A esta playa se llega cogiendo un autobús urbano de Iraklio

El tiempo, hasta hace dos días, estaba para ir a la playa y adormilarse al sol. En Creta andaban todavía recogiendo tomates en las huertas. Y aqui, un pensamiento: mis años en Grecia me han enseñado a apreciar los productos de temporada. Cuando uno come a menudo en tabernas donde se sirve la producción propia, como la que nos presentaba Ana hace poco con tanto cariño, limitarse a comer lo que da la tierra aquí y ahora en realidad expande las posibilidades del placer, y la limitación ya no es tal. Voy a dejar pasar un tiempo antes de hablar de mi taberna griega favorita, para no resultar pesada, pero dejo la foto de la chimenea central, que saqué el otro día al empezar la noche, antes de que el poco espacio disponible se llenara de comensales saciados y felices bailando a lo loco baiduskas, sambas clarinas, let’s twist again y tantas otras.

Cuántas vueltas alrededor de esta chimenea...

Y, para terminar, una foto del final de una comida cretense, un montón de dulces y rakís ofrecidos porque sí, qué costumbre tan maravillosa.

Postre para todos los gustos

Un día de primavera algo gris, estando en la oficina, cuando ya me quedaba poco para dejar Dadiá, Lavrendis quiso que escuchara una canción interpretada por Sokratis Málamas, que tanto nos gusta. Me encantó, pero no la había vuelto a oir desde entonces, hasta que ayer empecé a rebuscar un poco en su historia.

La canción se llama “Στα μάτια τα ψιχαλιστά” (“Sta matia ta psijalistá” – En los ojos jaspeados), y resulta que es un pequeño fragmento de un relato de Aléxandros Papadiamandis (1851-1911), “Θέρος – Έρος. Ειδύλλιον της Πρωτομαγιάς”. El caso es que no las tengo todas conmigo en cuanto a la traducción del título. Y además no ayuda el que mis diccionarios estén metidos en cajas en otro lado, a la espera de que su dueña encuentre un lugar donde instalarse. En fin, a mí lo de Θέρος me sonaba a verano, y así me parece entenderlo en el relato (que he leído con bastante dificultad). Sin embargo, he acudido a la traducción al inglés del título para asegurarme y ésta se va a otro lado: “Love the Harvester”, dice, lo que sería algo así como “Amor recolector. Idilio del uno de mayo”.

El cuento, para el que sepa griego, se puede encontrar aquí.

La canción está incluida en un disco en el que colaboran varios intérpretes, “Το σκοτεινό τρυγόνι”, y que aglutina las 12 piezas de Papadiamandis que se musicalizaron para una representación teatral de “La asesina” en 2003.

Στα μάτια τα ψιχαλιστά

Στα μάτια τα ψιχαλιστά
που ‘χει ο έρωτας καρτέρι
πόσο μεθύσι μέθυσα
ένας Θεός το ξέρει..

En los ojos jaspeados

En los ojos jaspeados
donde acecha el amor
sabe Dios cuánto me emborraché

Y ahora, sólo queda disfrutar de la canción.

En septiembre, me encontré con Tracia en Granada. Más aún, me encontré con un trocito desconocido de Tracia en un pasillo de la Facultad de Filosofía y Letras de la ciudad. El contexto fue el IV Congreso Europeo de la Sociedad Europea de Estudios Neogriegos, al que una amiga y yo, gracias a la gentileza de los organizadores, y en especial del profesor Μόσχος Μορφακίδης, pudimos asistir sin ninguna traba. Probablemente Luisa y yo fuéramos las únicas extrañas en un lugar plagado de eruditos de los estudios neogriegos, y por eso a veces era irremediable  perdernos en la densidad de las ponencias, pero nos encantó estar allí, oir griego en Granada durante tres días, empaparnos de un montón de Grecias. Lo único que nos causó extrañeza (y no nos gustó) fue la tendencia general a leer las ponencias, y no a exponerlas (y a veces se realizaban lecturas muy muy rápidas). En congresos de ecología y temas afines (que es lo que yo conozco), una ponencia leída siempre causa desagrado y rechazo. Puede que se trate de diferencias entre unas ciencias y otras que yo, hasta ahora, no conocía.

Pero a lo que iba. He aquí una de las “piezas tracias” con las que me topé:

Reproducción del petroglifo de Russa, Evros

Se trata de un petroglifo situado en el área Pomak de Evros, poco conocido y fascinante. Está datado en el siglo IX a.C., y para que os hagáis una idea de su olvido, hasta hace muy poco su posición no estaba señalizada. Con todo, dada su exposición total a los elementos tengo la sensación de que la obra puede acabar deteriorándose sin remedio (no sé qué tipo de intervenciones son las adecuadas en la protección de este tipo de restos arqueológicos. ¿Quizás algún tipo de cubierta protectora? ¿?). Para que entendáis lo que quiero decir, muestro unas fotos del petroglifo auténtico.

El petroglifo original

Otra vista del mismo

Otra parte del conjunto artístico rupestre

Ayer escuché a un poeta (y no sólo) griego leer sus poemas en el Vestíbulo Real del Palacio de la Magdalena, en Santander. Es decir, llevo un mes por estas tierras y he acudido ya a un acontecimiento de sabor griego. A ver si se mantiene el ritmo.

Debo decir que no conocía a Κώστας Βραχνός. Es joven, y habla un perfecto español. Algún dato más sobre él se puede leer aquí. Dos de sus poemas los canta Μάρθα Φριντζήλα, cuya voz es apabullante, y veo también que en 2010 ha publicado un nuevo libro.

Vrajnós leía bastante rápido sus poemas, lo que no ayudaba mucho a su comprensión inmediata (ni en castellano me habría empapado bien de lo que escuchaba, a ese ritmo), pero la actriz de doblaje Raquel Martín realizó una lectura maravillosa de los mismos poemas traducidos al español, por lo que el disfrute estuvo garantizado.

Ayer el poeta Carlos Alcorta se encargó de presentar al griego. La presentación se puede encontrar aquí, pero dejo además escrito el poema perteneciente a “El hambre del cocinero” que nos leyó en dicha introducción:

Mi tristeza

Mi tristeza es una feria de ganado
y yo que estoy llorando soy el vendedor más duro.
Así que no me compadezcas sino cuando me río.
Cuando inclino sereno la cabeza,
cuando en la tarde cuido mi rosal,
cuando como pan con tomate.
Compadéceme cuando peino los cabellos de mi imagen,
cuando digo humildemente: bueno, no importa, qué le vamos a hacer.

La sábana más bonita del mundo

Un kit imprescindible

Parte del interior de la caja mágica

Más caja, e instrucciones de uso

Y, para terminar, un enlace a “El secreto del omphalos, un texto de Pedro Olalla que me emocionó cuando lo descubrí hace unos meses. Este es el momento justo para recordarlo.

Análisis del regreso (Mario Benedetti)

Claro que ya me voy
uno regresa siempre
pero entendámonos
vuelvo porque me sufro
y no porque me encante
vuelvo porque me cuesta
no volver
vuelvo porque estas ganas
de dejarme caer
de un piso ciento cuatro
pueden ser vértigo
y también nostalgia
de todos modos
algo inesperado
vuelvo porque fatiga
mirar atrás
y nunca
reconocer la infancia
vuelvo porque volvemos
porque no vuelvo solo
porque
bueno
algún día
siempre volvemos todos
porque de pronto uno
decide
y ya esta hecho
porque un tango hay que zumba
porfiado como mosca
sobre el largo verano conocido
vuelvo porque me pican
las ganas de volver
y además
además
qué les importa a ustedes
por qué vuelvo.

Tanto oír lo de volver, yo buscaba las palabras que definieran lo que siento. El poema de Benedetti me valía, pero sólo en parte. Pero es que además, algo seguía chirriando en mi cerebro (¿o en el corazón?) cada vez que oía a alguien decirme “vuelves”. Me di cuenta de que era porque, aunque pueda parecer lo contrario, no vuelvo. Voy. No creo que pueda describirlo mejor, entre otras cosas porque de momento no me permito pensarlo mucho. Pero aquí he cerrado una etapa, y me voy para comenzar otra. Es verdad, en cierta manera “regreso”, porque allí donde voy tengo familia, amigos, paisajes que hice míos – el largo verano conocido del poema -, tengo mi idioma. Son las razones por las que voy allí, y no a otro sitio. No me lanzo a lo desconocido (aunque, en casi seis años, pueden haber cambiado muchas cosas, empezando por mí misma). Y sin embargo. Voy. Y no lo hago sola: me llevo un griego conmigo, y un país entero (mi nueva familia, mis nuevos amigos, mis nuevos paisajes, un nuevo verano conocido, mi nuevo idioma) en el maletero.

Vista - melancólica - del Parque desde la nacional. No puedo evitar verlo todo así estos días

Hace no mucho leía una columna de Maruja Torres sobre su marcha de Beirut a Barcelona. Sacaré de contexto algunas de sus frases porque me sentí reconocida en ellas y, además, son bonitas:

“Envolveré el balcón en un lienzo blanco y lo colocaré en la estantería del pasado reciente”

“Recuerdo quién fui aquí y qué fue este lugar que fue yo misma (…)”

“Ustedes han vivido también, sin duda, esta sensación. La de abandonar un lugar en el que alcanzamos cierta plenitud (…)”

“Mi melancólica reflexión de hoy se relaciona con esa pregunta que tarde o temprano nos hacemos todos: ¿qué dejo detrás de mí? Mi marcha de Beirut es la metáfora del adiós definitivo, de esa muerte grande que nos espera al final, y que se nutre de muchas muertes pequeñas como ésta”

“Pero contra ese sitio sin huellas que queda detrás de mí, contra el olvido –citando al poeta palestino Mahmud Darwish–, existen los lugares en los que uno ha estado sin saberlo”

“Siempre hay otra vida, en otra parte, que nos da algo suyo cuando más lo necesitamos”