En septiembre, me encontré con Tracia en Granada. Más aún, me encontré con un trocito desconocido de Tracia en un pasillo de la Facultad de Filosofía y Letras de la ciudad. El contexto fue el IV Congreso Europeo de la Sociedad Europea de Estudios Neogriegos, al que una amiga y yo, gracias a la gentileza de los organizadores, y en especial del profesor Μόσχος Μορφακίδης, pudimos asistir sin ninguna traba. Probablemente Luisa y yo fuéramos las únicas extrañas en un lugar plagado de eruditos de los estudios neogriegos, y por eso a veces era irremediable  perdernos en la densidad de las ponencias, pero nos encantó estar allí, oir griego en Granada durante tres días, empaparnos de un montón de Grecias. Lo único que nos causó extrañeza (y no nos gustó) fue la tendencia general a leer las ponencias, y no a exponerlas (y a veces se realizaban lecturas muy muy rápidas). En congresos de ecología y temas afines (que es lo que yo conozco), una ponencia leída siempre causa desagrado y rechazo. Puede que se trate de diferencias entre unas ciencias y otras que yo, hasta ahora, no conocía.

Pero a lo que iba. He aquí una de las “piezas tracias” con las que me topé:

Reproducción del petroglifo de Russa, Evros

Se trata de un petroglifo situado en el área Pomak de Evros, poco conocido y fascinante. Está datado en el siglo IX a.C., y para que os hagáis una idea de su olvido, hasta hace muy poco su posición no estaba señalizada. Con todo, dada su exposición total a los elementos tengo la sensación de que la obra puede acabar deteriorándose sin remedio (no sé qué tipo de intervenciones son las adecuadas en la protección de este tipo de restos arqueológicos. ¿Quizás algún tipo de cubierta protectora? ¿?). Para que entendáis lo que quiero decir, muestro unas fotos del petroglifo auténtico.

El petroglifo original

Otra vista del mismo

Otra parte del conjunto artístico rupestre

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