junio 2010


La sábana más bonita del mundo

Un kit imprescindible

Parte del interior de la caja mágica

Más caja, e instrucciones de uso

Y, para terminar, un enlace a “El secreto del omphalos, un texto de Pedro Olalla que me emocionó cuando lo descubrí hace unos meses. Este es el momento justo para recordarlo.

Análisis del regreso (Mario Benedetti)

Claro que ya me voy
uno regresa siempre
pero entendámonos
vuelvo porque me sufro
y no porque me encante
vuelvo porque me cuesta
no volver
vuelvo porque estas ganas
de dejarme caer
de un piso ciento cuatro
pueden ser vértigo
y también nostalgia
de todos modos
algo inesperado
vuelvo porque fatiga
mirar atrás
y nunca
reconocer la infancia
vuelvo porque volvemos
porque no vuelvo solo
porque
bueno
algún día
siempre volvemos todos
porque de pronto uno
decide
y ya esta hecho
porque un tango hay que zumba
porfiado como mosca
sobre el largo verano conocido
vuelvo porque me pican
las ganas de volver
y además
además
qué les importa a ustedes
por qué vuelvo.

Tanto oír lo de volver, yo buscaba las palabras que definieran lo que siento. El poema de Benedetti me valía, pero sólo en parte. Pero es que además, algo seguía chirriando en mi cerebro (¿o en el corazón?) cada vez que oía a alguien decirme “vuelves”. Me di cuenta de que era porque, aunque pueda parecer lo contrario, no vuelvo. Voy. No creo que pueda describirlo mejor, entre otras cosas porque de momento no me permito pensarlo mucho. Pero aquí he cerrado una etapa, y me voy para comenzar otra. Es verdad, en cierta manera “regreso”, porque allí donde voy tengo familia, amigos, paisajes que hice míos – el largo verano conocido del poema -, tengo mi idioma. Son las razones por las que voy allí, y no a otro sitio. No me lanzo a lo desconocido (aunque, en casi seis años, pueden haber cambiado muchas cosas, empezando por mí misma). Y sin embargo. Voy. Y no lo hago sola: me llevo un griego conmigo, y un país entero (mi nueva familia, mis nuevos amigos, mis nuevos paisajes, un nuevo verano conocido, mi nuevo idioma) en el maletero.

Vista - melancólica - del Parque desde la nacional. No puedo evitar verlo todo así estos días

Hace no mucho leía una columna de Maruja Torres sobre su marcha de Beirut a Barcelona. Sacaré de contexto algunas de sus frases porque me sentí reconocida en ellas y, además, son bonitas:

“Envolveré el balcón en un lienzo blanco y lo colocaré en la estantería del pasado reciente”

“Recuerdo quién fui aquí y qué fue este lugar que fue yo misma (…)”

“Ustedes han vivido también, sin duda, esta sensación. La de abandonar un lugar en el que alcanzamos cierta plenitud (…)”

“Mi melancólica reflexión de hoy se relaciona con esa pregunta que tarde o temprano nos hacemos todos: ¿qué dejo detrás de mí? Mi marcha de Beirut es la metáfora del adiós definitivo, de esa muerte grande que nos espera al final, y que se nutre de muchas muertes pequeñas como ésta”

“Pero contra ese sitio sin huellas que queda detrás de mí, contra el olvido –citando al poeta palestino Mahmud Darwish–, existen los lugares en los que uno ha estado sin saberlo”

“Siempre hay otra vida, en otra parte, que nos da algo suyo cuando más lo necesitamos”

Redes en el puerto de Kavala

Dejamos Kavala, bajo el sol más dulce...

Desde Τσιχλιώτα ("Chijliota"), en Lesvos, se ven pasar las pardelas mediterráneas y cenicientas. Un halcón peregrino levantaba a las gaviotas y los ratoneros moros de vez en cuando

Cardos de camino a Ερεσός ("Eresós"), dejando Chijliota

Las ovejas, recién esquiladas, también en el camino

Camino a Σίγρι ("Sigri")

En este kafenío de Sigri se preparaban para Eurovision, y tenían más de 250 tés diferentes

Y mi té me aconsejaba dejarme guiar por el corazón

Caracol en Πλάκα ("Plaka"), Limnos

Molino cerca de Plaka

Aunque no se vea, a este lado de la foto está el mar...

Una peluquería en Μούδρο ("Moudro")

Adiós, Limnos, adiós...