abril 2010


En estos días de estudio obligado, la ventana de mi cuarto me ofrece una oportunidad para la distracción especialmente apetitosa (y, en lo que a mi productividad se refiere, peligrosa). Oigo pajarillos, los veo moverse como manchas indistinguibles mientras mi atención se supone dirigida a la pantalla. Ayer el canto de uno de ellos me tenía especialmente inquieta. Llevaba oyéndolo un par de días, y no era capaz de localizarlo entre las ramas de los – no tan numerosos – arbolillos y arbustos del jardín. Tampoco sabía identificarlo sólo por su canto. No recuerdo haberlo oído antes aquí, en torno a mi casa.

Afortunadamente, tantos minutos (no me atrevo a decir horas) de distracción no fueron en balde. De repente lo vi, posado encima de un pequeño pino y cantando como si le fuera la vida en ello (en cierto modo, así es). ¡Era una curruca zarcerilla (Sylvia curruca)! Ahora espero que tan apuesto pajarillo logre encontrar una compañera y se queden por aquí.

De nuevo, mala calidad, pero algo se ve...

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Es muy gracioso lo que pasa cuando cuento a familia o a amigos que mi gata se llama Σταχτούλα (“Stajtula”), que quiere decir algo así como cenicilla (el nombre se lo puso Jristos, en honor a su habilidad para meterse dentro de los tubos ennegrecidos de la estufa cuando era pequeña. Salía hecha un poema, claro). La respuesta automática es una pregunta: “¿Estajtula?” (acompáñese de ceño fruncido y cara de no entender).Lo sé, lo sé, es un nombre raro, pero más raro es el de Cenicienta, por cierto, (Σταχτοπούτα o “Stajtoputa”), así que suelo mencionarlo a continuación, para que el de mi gata entre mejor…

Me apetecía dedicar una entrada a mi gata, ilustre dadiana.

Stajtula

Una vez hablé del nombre del alcaudón común, Αετομάχος (“aetomajos”), pero no llegué a explicar el significado y el por qué de dicho nombre. Significa algo así como “el que lucha con las águilas”, y se debe a que no tiene ningún problema en defender su territorio atacando incluso a rapaces de gran tamaño.

La oropéndola se llama Συκοφάγος (“sikofagos”), o sea, “comehigos”. Adivinad por qué…

El alimoche es el Ασπροπάρης (“asproparis”), que es una forma corta de decir “pequeño buitre blanco”.

Muchos nombres son prácticamente el científico. Así, el quebrantahuesos es Γυπαετός (“yipaetós”), que significa “buitre-águila” (pero en Creta es Κοκκαλάς – “kokalás” – algo así como “huesero”). El martinete es Νυχτοκόρακας (“nijtokórakas”), “cuervo nocturno”, y el treparriscos es Τοιχοδρόμος (“tijodromos”), “que corre en la pared”.

La lista, por supuesto, es larga, pero es mejor no alargar la lección. Otro día más…

¡Y desde luego no me refiero a patrias y banderas..! Con un poco de retraso, dedico esta entrada a una planta, el ριζάρι (“risari”, con s que zumba), una rubia con muchísimos nombres vernáculos diferentes en castellano (el científico es Rubia tinctorum), que todavía se recoge en Dadiá para utilizar su raíz como colorante natural.

La mano de Dina sostiene una rubia hace exactamente dos años

Os preguntaréis qué es lo que colorean. Pues, en este caso, tiñen de rojo los huevos de Pascua, esos que en la noche del sábado, después de las doce, la gente va entrechocando unos con otros para ver quién va a tener suerte (aquél cuyo huevo queda sin romperse, claro).

Huevos rojos típicos de la semana santa griega (gatodiakritikos en Flickr, licencia CC)

Hoy hemos dado una pequeña vuelta hasta la cruz que se encuentra encima del monasterio de Dadiá. Las vistas desde ese punto son de las mejores que conozco, se abarca muchísimo bosque, el monasterio, campos de cultivo, el pueblo, los montes más lejanos, las planicies turcas… El día ha estado precioso, y alimoches, culebreras, cigüeñas negras y demás familia nos han ido acompañando. Qué bien se encuentra una cuando hace estas cositas (suspiro).

Como siempre, la carretera de Dadiá regala imágenes como ésta

A la derecha, la cruz - punto de observación

El monasterio y, al fondo, Dadiá

El cielo se iba poniendo raro-bonito. Los campos brillaban

“… είμαι εδώ, ο γυρισμός είναι ταξίδι…”

(Από “Γυρισμός”, του Αλκίνοου Ιωαννίδη”)

“… estoy aquí, el regreso es viaje…”

(De “Γυρισμός” (“Regreso”), de Alkínoos Ioannidis)