Una de las consecuencias de, entre otras cosas, el extremo centralismo de este país ha sido la cancelación de la mitad de los (ya de por sí escasos) trenes que unían Evros con Atenas (y con muchos otros destinos intermedios, claro). Sucedió hace cosa de un año. Desde Suflí salían un par de trenes “lentos” que tardaban 15 horas en llegar a la capital y costaban alrededor de los 25 euros por trayecto y otro par de Intercities o trenes “rápidos” que tardaban 12 horas pero cuyos asientos era mil veces más incómodos, no apagaban las luces por la noche,  carecían de coches cama y costaban unos 50 euros por trayecto. Yo siempre que podía cogía el lento, claro. Ahora si uno quiere coger el lento sólo tiene una opción, yendo primero a Alexandrúpoli por supuesto y si quiere viajar de noche, tiene que coger obligatoriamente el Intercity, caro, incómodo, y desde luego no rápido.

El tren que a este paso se convertirá en un fantasma

Aquí no hubo demasiadas protestas (al menos no las que yo habría esperado, del tipo “Teruel existe” a la griega) ante tan absurda decisión, a pesar de que los trenes solían ir llenos (es cierto, la mayoría de los pasajeros eran jubilados, chicos haciendo el servicio militar de permiso y estudiantes, sectores de la población que suelen ser invisibles, puede que sea ésta la razón).  Pero de todas formas, muchas veces me parece que la gente del mundo rural griego está demasiado resignada al centralismo ateniense, probablemente porque en la mente de muchos está el irse, el perseguir una vida “mejor” en la ciudad, y en no pocas ocasiones la ciudad es Atenas. Dos familias de Dadiá con hijos pequeños, de las que dan vida a este pueblo y lo hacen especial en la región, se preparan para irse en septiembre a Alexandrúpoli. Allí, dicen, los niños irán a mejores colegios (?) y tendrán más oportunidades. No sé cuánto de verdad hay en eso, pero el resultado es el mismo: los pueblos seguirán vaciándose, cada vez habrá menos gente que llore porque un tren desaparece, menos manos que trabajen el paisaje, menos ojos que lo admiren.

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