febrero 2010


Una de las consecuencias de, entre otras cosas, el extremo centralismo de este país ha sido la cancelación de la mitad de los (ya de por sí escasos) trenes que unían Evros con Atenas (y con muchos otros destinos intermedios, claro). Sucedió hace cosa de un año. Desde Suflí salían un par de trenes “lentos” que tardaban 15 horas en llegar a la capital y costaban alrededor de los 25 euros por trayecto y otro par de Intercities o trenes “rápidos” que tardaban 12 horas pero cuyos asientos era mil veces más incómodos, no apagaban las luces por la noche,  carecían de coches cama y costaban unos 50 euros por trayecto. Yo siempre que podía cogía el lento, claro. Ahora si uno quiere coger el lento sólo tiene una opción, yendo primero a Alexandrúpoli por supuesto y si quiere viajar de noche, tiene que coger obligatoriamente el Intercity, caro, incómodo, y desde luego no rápido.

El tren que a este paso se convertirá en un fantasma

Aquí no hubo demasiadas protestas (al menos no las que yo habría esperado, del tipo “Teruel existe” a la griega) ante tan absurda decisión, a pesar de que los trenes solían ir llenos (es cierto, la mayoría de los pasajeros eran jubilados, chicos haciendo el servicio militar de permiso y estudiantes, sectores de la población que suelen ser invisibles, puede que sea ésta la razón).  Pero de todas formas, muchas veces me parece que la gente del mundo rural griego está demasiado resignada al centralismo ateniense, probablemente porque en la mente de muchos está el irse, el perseguir una vida “mejor” en la ciudad, y en no pocas ocasiones la ciudad es Atenas. Dos familias de Dadiá con hijos pequeños, de las que dan vida a este pueblo y lo hacen especial en la región, se preparan para irse en septiembre a Alexandrúpoli. Allí, dicen, los niños irán a mejores colegios (?) y tendrán más oportunidades. No sé cuánto de verdad hay en eso, pero el resultado es el mismo: los pueblos seguirán vaciándose, cada vez habrá menos gente que llore porque un tren desaparece, menos manos que trabajen el paisaje, menos ojos que lo admiren.

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Nueva consulta al diccionario online de la RAE:

hibernación.

(Del lat. hibernatĭo, -ōnis).

1. f. Estado fisiológico que se presenta en ciertos mamíferos como adaptación a condiciones invernales extremas, con descenso de la temperatura corporal hasta cerca de 0° y disminución general de las funciones metabólicas.

2. f. En animales, tanto vertebrados como invertebrados, sueño invernal.

3. f. Estado semejante que se produce en las personas artificialmente por medio de drogas apropiadas con fines anestésicos o curativos.

Olvidemos la tercera acepción y prefiramos la primera. Mi temperatura estas últimas semanas no ha bajado a cero grados, que yo sepa, pero mis funciones metabólicas han disminuido significativamente, doy fe. Un estado de atontamiento general tirando al ermitañamiento. Una sensación que en el paisaje se traduciría así:

Lluvia, frío, nieve, esto es el invierno

Pero ayer ¡hubo Carnival Party en Dadiá! y estuvimos cuatro gatos e hicimos el mono, y bailamos bailamos bailamos… Mi pulso dejó el ritmo caracol para pasarse a la samba y parece que todo se confabuló para que el día que siguió fuera templado y sobre todo luminoso. El río Evros y sus afluentes también se desbordaron (yo digo que las lluvias no han tenido nada que ver, ha sido el carnaval, y el desperezamiento…) y hoy los campos se han presentado así:

La vía del tren, los campos, los árboles que escoltan al Evros y, al fondo, Turquía

El Διαβολόρεμα (corriente del diablo) junto al cruce de Dadiá

Detalle de los chopos

He empezado a echar una ojeada a la tesis doctoral de Eleni Leontaridi y me estoy encontrando – en la introducción, porque no sé si seré capaz de entender los aspectos más “lingüísticos”… – con cosas interesantes. Creo que interesará a los apasionados del griego moderno

Hace un par de días descubrí en el blog placeres griegos a la  grabadora (la artista, no el aparato) Vaso Katraki (1914-1988). Primero me fijé en el hermosísimo poema de Kikí Dimulá, Premio Europeo de Literatura 2010, y después en las ilustraciones. Me encantaron. Pero por supuesto, la historia no podía quedar ahí. Al día siguiente encendí la televisión y ¿con qué me encontré? ¡Con un documental realizado en 1983 sobre Vaso Katraki! El documental se puede ver online gracias al archivo de ERT (pincha aquí). Y aquí muestro un par de grabados de la artista, para el deleite de todos:

Familia de pescadores, 1963

No conozco el título ni la fecha de esta obra...

Caballos

La artista en su estudio