noviembre 2009


Cuando hace ya más de cinco años empecé a preparar lo que iba a ser una estancia de un año en Grecia, se me ocurrió buscar libros de literatura griega contemporánea para empezar a enterarme de a dónde me iba, más allá de acrópolis, musakas y sirtakis. Recorrí unas cuantas librerías de Bilbao y me desesperé un tanto más. Encontré traducciones de Cavafis, un par de antologías de cuentos griegos y… nada más. Hasta que, al final, di con un libro titulado “El tío Petros y la conjetura de Goldbach”, de Apóstolos Doxiadis, una novela fascinante de “ma-temática” que leí de un tirón.

El año pasado por estas fechas pude conocer al autor en persona, con motivo de la presentación en Suflí de su último libro, Logicomix. Tuve la oportunidad de contarle su aportación a “mi historia” con Grecia y no voy a negar que me sentí muy intimidada, pero después el sentimiento cambió a admiración profunda, cuando le oí hablar de forma magistral sobre su pasión por las matemáticas y por tantas otras cosas más. Él y Alekos Papadatos, uno de los ilustradores de Logicomix, hicieron la presentación de libro más original a la que he asistido nunca. El libro, por otra parte, me pareció tan fascinante como me había parecido la novela del tío Petros. En la página web he visto que todavía no se ha acordado una edición en español, así que aprovecho para traducir un texto introductorio que nos da una idea de la historia tratada:

“Una historia dentro de otra historia. Una novela en forma de cómic. Un ensayo que cabe en un cuento.

Siguiendo las huellas de los Fundadores de la Lógica, un grupo de amigos en la Atenas contemporánea encomienda a Bertrand Russell el papel de conductor, dejándole guiarnos a través de una época que marcó la historia de la ciencia – y no sólo.

Con la guerra y su absurdo de fondo, la fuerza de las ideas y, sobre todo, de las personas detrás de ellas mueve los hilos en una historia donde la “locura por la lógica” tiende al infinito. Bertrand Russel, héroe central, toma la palabra y nos guía por un mundo donde la paranoia acecha en cada esquina. Desde su infancia y su transformación en adulto hasta su obra científica y su encuentro con leyendas de la ciencia, la historia de la Lógica se despliega como una serie de de paradojas.

Las agitaciones ideológicas, el agotamiento intelectual, el entusiasmo por el éxito, la frustación frente al callejón sin salida, el deseo de reconocimiento y por encima de todo la pasión por el conocimiento absoluto tiñen a los personajes del libro, dando vida a héroes como Frege, Hilbert, Poincaré, Wittgenstein, Gödel y Turing. Simbolismos inspirados sacan a la superficie sus más profundos sentimientos y sus vacilaciones psicológicas, arrojando luz sobre el hombre detrás del científico.

Logicomix es un viaje al mundo de las ideas. Una zambullida en las pasiones humanas. Una “tragedia de los héroes de la lógica” que intentaron hacer caber toda la vida en una ecuación”.

En las palabras de Galeano:

En su jardín de Atenas, Epicuro hablaba contra los miedos. Contra el miedo a los dioses, a la muerte, al dolor y al fracaso.
Es pura vanidad, decía, creer que los dioses se ocupan de nosotros. Desde su inmortalidad, desde su perfección, ellos no nos otorgan premios ni castigos. Los dioses no son temibles porque nosotros, efímeros, mal hechos, no merecemos nada más que su indiferencia.
Tampoco la muerte es temible, decía. Mientras nosotros somos, ella no es; y cuando ella es, nosotros dejamos de ser.
¿Miedo al dolor? Es el miedo al dolor el que más duele, pero nada hay más placentero que el placer cuando el dolor se va.
¿Y el miedo al fracaso? ¿Qué fracaso? Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco, pero ¿qué gloria podría compararse al goce de charlar con los amigos en una tarde de sol? ¿Qué poder puede tanto como la necesidad que nos empuja a amar, a comer, a beber?
Hagamos dichosa, proponía Epicuro, la inevitable mortalidad de la vida.

(De Espejos, una historia casi universal)

He leído muy poco sobre filosofía o pensamiento filosófico en mi vida, pero hace unos cuantos años leí “El epicureísmo”, de Emilio Lledó, y me encantó. ¡Animo a los curiosos a que se lancen!

Otra palabra griega. Melancolía, μελαγχολία. La verdad es que leyendo la definición, y sobre todo la etimología, en la versión digital del diccionario de la RAE, se me han quitado las ganas de dejarme arrastrar por ella. Bilis negra. Demasiado hepático y oscuro para mi gusto.

Después he seguido enlazando palabras. El mismo diccionario llama a la bilis negra “atrabilis”, del latín atra, negra, y bilis, cólera. Pues no, no sabía que la cólera se presenta también como bilis. Y la atrabilis era “uno de los cuatro humores principales del organismo, según las antiguas doctrinas de Hipócrates y Galeno”. Qué cosas, qué interesante.

Pero bueno, yo venía dispuesta a dejar caer una cita robada de un libro que estaba volviendo a hojear esta tarde, y un par de fotos robadas al campo ayer. El libro en cuestión se titula “Η Φυσική Κληρονομιά της Ελλάδας”, o “El patrimonio natural de Grecia”, de Γιώργος Κατσαδωράκης (“Yorgos Kachadorakis”), publicado por WWF Grecia en 2003, y en donde me he encontrado por primera vez con una planta endémica de las montañas griegas llamada Viola poetica. ¿No es un nombre inspirador?

La cita que el autor del libro reproduce es la siguiente:

Το καταλάβαινα κάθε μέρα και καλύτερα περπατώντας στην ελληνική γις, ο ελληνικός πολιτισμός δεν ήταν ένας μετέωρος, υπερφυσικός ανθός, ήταν ένα δέντρο που είχε ριζώσει βαθιά στη γης κι έτρωγε λάσπη και την έκανε ανθούς.
ΝΙΚΟΣ ΚΑΖΑΝΤΖΑΚΗΣ, Αναφορά στον Γκρέκο

Lo entendía  mejor cada día, caminando por la tierra griega: la civilización griega no era una flor sobrenatural y etérea, era un árbol, que había hundido sus raíces profundo en la tierra y comía barro y lo convertía en flores.

Nikos Kazantzakis, Carta al Greco

Los últimos frutos de la rosa silvestre

Los últimos frutos del escaramujo

Copia de P1070497

No puedo cansarme de estos montes y estos cielos

Copia de P1070508

Humedad

Copia de P1070510

Camino que sube

Por fin un otoño con setas en Dadiá. ¡Por fin! Por esta y por otras razones le decía a Νίκος-Εμμανουήλ el otro día que estoy viviendo el otoño dadiano más otoñal. En Dadiá la gente va al bosque y recoge principalmente

γαλατσίδες, o sea níscalos, o Lactarius deliciosus:

Foto de Manuel M Ramos en Flickr, con licencia Creative Commons (http://www.flickr.com/photos/_mm_/315082792/in/set-72157594148645311)

Γαλατσίδα. Foto de Manuel M Ramos en Flickr, con licencia CC (http://www.flickr.com/photos/_mm_/315082792/in/set-72157594148645311)

ζαρκαδίσια, o lo que es lo mismo parasoles, galimpiernos… o Macrolepiota procera:

AbAberson_Flickr

Ζαρκαδίσιο. Foto de AbAberson en Flickr, con licencia CC (http://www.flickr.com/photos/ababerson/1777012058/)

y, si hay suerte, αμανίτες του Καίσαρα, u oronjas, setas de los césares… o Amanita caesarea:

Anne SORBES_Flickr

Αμανίτης του Καίσαρα. Foto de Anne Sorbes en Flickr, con licencia CC (http://www.flickr.com/photos/cameland/2581894390/in/photostream/)

Hoy se organizaba la fiesta de las setas en Dadiá y he tenido la suerte de degustar por enésima vez este otoño todas estas delicias al son de una gaita tracia (vale, y al frío desgarrador del viento del norte). Estos pequeños placeres de un domingo de noviembre…