Mi amiga Ευγενία (“Efyenía”) vive encima de una librería. No encima de una librería cualquiera, sino de una de las librerías más bonitas que conozco, por dentro y por fuera. Además, es su librería. Se llama Σελίδες (“Selides”), que quiere decir “Páginas”, y está en la parte vieja de Ξάνθη (“Xanci”), ocupando un edificio característico de la ciudad antigua.

Desde que una conocida cadena griega de librerías abrió una “sucursal” en la ciudad hace algo más de un año, los ya de por sí exiguos ingresos de Selides se volvieron aún más escasos, así que Efyenía se ha visto obligada a tomar la decisión más dura de su vida: cerrar la librería, después de veinte años, y empezar una nueva vida. Queda muy poco para el cierre definitivo.

Me siento triste,  culpable e impotente. La tristeza pasará, porque Efyenía está llena de energía, es decidida y sé que vivirá experiencias maravillosas allí donde va, a pesar del miedo. El sentimiento de culpabilidad no me lo quita nadie, puesto que yo misma he comprado algún que otro libro en otras sucursales de la todopoderosa cadena, en Atenas o aquí cerca, en Alexandrúpoli. Pero como he dejado de hacerlo (descubriendo pequeñas, imperfectas librerías de dueños callados que escuchan a Dulce Pontes), combato ya la impotencia.

Un rincón de Selides

Un rincón de Selides

Parte de la fachada

Parte de la fachada

Placa explicativa

Placa explicativa

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