marzo 2009


Un pensamiento que me ronda últimamente es que, en cierto modo, no voy a poder desprenderme nunca de la nostalgia, vaya donde vaya, me quede donde me quede. Que voy a tener que aceptar a la nostalgia como a una pulga picándome la vida, y puesto que esto es así, tendré que encontrar la manera de que su compañía se convierta en algo productivo. Me rascaré, sí, pero tendrá que ser como hacerme cosquillas a mí misma.

Cuando me sumerjo en esos pensamientos, me acuerdo siempre de un texto de Eduardo Galeano en “El libro de los abrazos”, que reproduzco aquí:

El río del Olvido

La primera vez que fui a Galicia, mis amigos me llevaron al río del Olvido.

Mis amigos me dijeron que los legionarios romanos, en los antiguos tiempos imperiales, habían querido invadir estas tierras, pero de aquí no habían pasado: paralizados por el pánico, se habían detenido a la orilla de este río. Y no lo habían atravesado nunca, porque quien cruza el río del Olvido llega a la otra orilla sin saber quién es ni de dónde viene.

Yo estaba empezando mi exilio en España, y pensé: si bastan las aguas de un río para borrar la memoria, ¿qué pasará conmigo, resto de naufragio, que atravesé toda una mar?

Pero yo había estado recorriendo los pueblecitos de Pontevedra y Orense, y había descubierto tabernas y cafés que se llamaban Uruguay o Venezuela o Mi Buenos Aires Querido y cantinas que ofrecían parrilladas o arepas, y por todas partes había banderines de Peñarol y Nacional y Boca juniors, y todo eso era de los gallegos que habían regresado de América y sentían, ahora, la nostalgia al revés.

Ellos se habían marchado de sus aldeas, exilados como yo, aunque los hubiera corrido la economía y no la policía, y al cabo de muchos años estaban de vuelta en su tierra de origen, y nunca habían olvidado nada. Ni al irse, ni al estar, ni al volver: nunca habían olvidado nada. Y ahora tenían dos memorias y tenían dos patrias.

Mi tío abuelo Aurelio fue emigrante y de Laredo se marchó a Montevideo en los años 50 y 60. Cuando volvió, abrió una imprenta a la que llamó Montevideo. (Recuerdo los tipos, unos encima de otros, que nunca me atreví a tocar).

(Nostalgia: del griego antiguo νόστος, regreso, y άλγος, dolor)

¿Qué es lo bueno que tiene la astenia primaveral? Que te ataca en primavera. No puedo imaginar nada peor que una astenia primaveral en invierno. Por lo demás, no tiene nada de gracioso. Una intenta encontrar consuelo en el hecho de que los genes tienen mucho que ver en su padecimiento, esos mismos genes que pensaron que ojos verdes ya había demasiados en la familia y decidieron teñir los míos de marrón… En fin.

Astenia, cómo no, viene de la palabra griega άσθένια (“ascenia”), que en griego antiguo significaba debilidad, mientras que en griego moderno significa enfermedad. Recurriendo de nuevo al diccionario on-line de la RAE, la definición de astenia es “falta o decaimiento de fuerzas caracterizado por apatía, fatiga física o ausencia de iniciativa”.

Desafiando, pues, a tanto cansancio primaveral, el viernes despedí al invierno, cargada con mi querida cámara compacta. Fotografié la última nieve (del invierno, claro, claro…)

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Me encontré con un ratoncillo de lo más gracioso (Apodemus sp, si alguien sabe cuál, que me lo diga)

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Y me acerqué todo lo que quise a un gato montés al lado de Dadiá, pero, como suele pasar, la mejor foto es la que no saqué.

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Y aprovechando la insólita presencia en el blog de tantos mamíferos, acabo de leer que ha salido la lista roja de los mamíferos de la IUCN de 2008

Un informe recientemente publicado por la UNESCO – en realidad un atlas de las lenguas en peligro en el mundo – me recuerda que en Grecia no sólo se habla el griego, sino que existen diez lenguas más que están a puntito de desaparecer. Veo que el Pomak (hablaré del tema en el futuro) no está incluido, puede que de momento su transmisión esté garantizada, aunque me sorprende bastante…

El primer arbolillo en florecer en el bosque ha sido el cornejo macho (Cornus mas), presente en Italia, los Balcanes y Turquía – en Europa – pero que no se encuentra de forma silvestre en la Península Ibérica (sí como especie decorativa).

En Dadiá hacen un licor y una mermelada riquísima con sus frutos, cuya apariencia yo describiría como de aceitunas con color de cereza. De momento puedo mostrar cómo son las flores que la semana pasada ya empujaban por salir del todo:

Varios arbolillos en flor

Varios arbolillos en flor

Y sus flores

Y sus flores

Un poema de Τάσος Λειβαδίτης (“Tasos Livaditis”) (1922-1988)

Συγκομιδή

Κι όταν με πλησίασαν με προτεταμένα όπλα, εγώ χαμογέλασα με περιφρόνηση
και σηκώνοντας τα χέρια μου ψηλά άρχισα να μαζεύω τα μήλα της χρονιάς.

Cosecha

Y cuando se acercaron a mí apuntando con armas, yo sonreí con desprecio
y levantando las manos muy alto empecé a recoger las manzanas de la temporada.

Hoy he estado en el huerto de Grigoris, en Orestiada

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Vista desde el huerto

El comedero para pajarillos

El comedero para pajarillos

Άγιος Γρηγόριος (San Gregorio)

Άγιος Γρηγόριος (San Gregorio)

(Borroso) detalle en la puerta

(Borroso) detalle en la puerta

Vista desde el huerto algo después

Vista desde el huerto algo después

El lago Κερκίνη (“Kerkini”), Parque Nacional,  está a unos 350 km al oeste de Dadiá, en la región de Macedonia central. El fin de semana pasado estuve allí. Desgraciadamente, mi pequeña cámara compacta no hace milagros, pero aún así merece la pena que cuelgue una muestra de lo que vi.

El paisaje

Barca y cormoranes grandes (<i>Phalacrocorax carbo</i>)

Barca, cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) y manchas de gaviotas

El extraño paraíso sombrilla o árbol del paraíso y la nieve

El extraño paraíso sombrilla o árbol del paraíso (Melia azedarach) y la nieve

Los pelícanos (de pequeña tenía un libro protagonizado por un pelícano. No consigo acordarme de qué iba exactamente, pero todavía recuerdo la fascinación que sentía por el libro y por el pico del pelícano)

Pelícanos ceñudos (<i>Pelecanus crispus</i>) y comunes (<i>Pelecanus onocrotalus</i>). Se habían acercado a un pescador que se disponía a salir en su barca

Pelícanos ceñudos (Pelecanus crispus) y comunes (Pelecanus onocrotalus). Se habían acercado a un pescador que se disponía a salir en su barca

Los búfalos. Alrededor del 80% del ganado “bufalar” (unos 1.500 búfalos) de Grecia se encuentra en Kerkini. Es el mismo búfalo con cuya leche se hace la mozzarella italiana: los griegos vendieron miles de cabezas a los italianos con la entrada de Grecia en la Unión Europea. Los pocos ganaderos que no tuvieron tiempo de hacerlo son los que ahora se benefician de la cría de un animal cuya carne se considera la más saludable de las carnes rojas, y que aporta un gran valor añadido a los productos que se elaboran con ella o con su leche. Si alguien está interesado en saber algo más sobre el origen de estos búfalos, puede hacer click en este enlace.

Búfalos (<i>Bubalus bubalis</i></b>) antes de salir a pastar

Búfalos (Bubalus bubalis) antes de salir a pastar

* (“kudunofori”)

¿Qué tienen en común los pueblos de Ituren y Zubieta en Navarra y diversos puntos de la geografía griega? Pues la tradición carnavalesca ancestral de los hombres cubiertos por pieles de ovejas que hacen sonar cencerros enormes colgados de sus cuerpos. Y un gorro de unos 50 cm de altura  y de colores. ¿Es esto pura coincidencia? Me encantaría conocer la respuesta.

Joaldunak (de Dantzan-Zubieta Ituren inauteriak en Flickr)

Joaldunak (de Dantzan-Zubieta Ituren inauteriak en Flickr)

Kudunofori en Νιγρίτα ("Nigrita"), en Macedonia central, Grecia

Kudunofori en Νιγρίτα ("Nigrita"), en Macedonia central, Grecia